martes, 19 de junio de 2007

Carnivàle. A Shiny Temple. Temporada 1



Carnivàle es una obra de arte. Una serie de TV de la cadena HBO emitida del 2003 al 2005. Dos temporadas en el aire. Cerrada por ratings de audiencia pobres y con un coste de 4 millones de dólares por capítulo. 50mil e-mails el fin de semana del anuncio de la cancelación. 300mil firmas de petición online de devolver la serie. Y la opción aún no descartada de hacer 2 minipeliculas para cerrar el arco argumental. Originalmente construida como 6 temporadas preplanificadas por Daniel Knauf, Carnivale es una epopeya sobre la historia moderna de EEUU y su relación con las guerras mundiales que azotaron el Siglo XX.


Un circo de Freaks llamado Carnivàle recorre los EEUU. Un pastor sureño recibe un don. Dos personajes antagónicos se van acercando hacia un final apocalíptico. Una criatura de luz y otra de oscuridad. Poderes divinos y maldiciones generacionales se suceden capítulo a capítulo hasta desentrañar un árbol genealógico de criaturas divinas y semidivinas en la tierra. Con una premisa así, no podía pasar ésta serie por alto. Para redondear la propuesta, la serie se articula a través del Tarot.


Un planteamiento de guión que provoca mi admiración. Una resolución de final de temporada que emociona como ningún otro final televisivo. Personajes profundos, construidos en roca. Y una ambientación maravillosa. Carnivale es un prodigio de la producción televisiva. La comparación con otras propuestas más mediáticas como Heroes, provoca cierta ironía. El pobre Tim Kring queda en ridículo frente a Dan Knauf. El hype contra la sobriedad.


Es un prodigio en muchos niveles. Escenas de abuso a niños, incesto fraternal, engaño, adulterio, violación, lluvias de sangre, sexo explícito como nunca había visto en una serie... Tiene todo lo que no puede tener una serie. Es un prodigio que fuera la serie del prime-time de HBO los lunes. Su sucesora fue Rome... Que si bien no es una mala serie, es mucho mas digerible por los yankis mas rurales y evangelistas. Miedo me da ojear la segunda temporada. Creo que voy a sentir una rabia profunda al finalizarla. Las expresiones de odio y desasosiego de los fans han sido clamorosas.


Una joya única, irrepetible. Imposible de olvidar desde el punto de vista de un freak moderno. Humillación pública del guionista televisivo medio. Serie de culto para las generaciones futuras. Me sorprende mi inusitado fanatismo con algo que hace dos semanas que he descubierto, pero ese clímax del capítulo 12 con el tema de Hans Zimmer de The Thin Red Line... no será fácil de olvidar.

1 comentario:

MARIA dijo...

Piedad para los que aún no hemos terminado la primera temporada, hombre!
La magnitud de esta obra convierte el más inocente comentario de un pequeño detalle en un spoiler dolorosísimo...

(sigh! no debí leer?)