miércoles, 10 de octubre de 2007

El autoretrato cinematográfico o el discurso metalingüistico



El autor tiene una visión del mundo. Y dependiendo de su habilidad para comunicarla en un paquete donde forma y contenido se enlazan de forma natural, podrá disfrutar del éxito o no.


Hace unos días enlacé en la misma noche 3 películas, que de forma aleatoria, compartían un discurso inconsciente:

Sideways (Alexander Payne - 2004)
All That Jazz (Bob Fosse - 1979)
Adaptation. (Spike Jonze - 2002)

La elección no fue premeditada. Pero sí fue ilustradora del sentimiento de artista frustrado. El uso de la sensación de inadaptabilidad en formato metalingüistico es un concepto contemporáneo. En otras épocas se ha usado el conflicto del artista desde numerosos puntos de vista, siendo el del pintor (Lust for Life) o el del músico (The Glenn Miller Story) los más usuales. Pero el conflicto del autor con síndrome de crisis existencial es muy actual. El conflicto de encontrar un hueco en el mundo laboral para nuestras sobredosificadas expectativas.


Años y años despues de haber aprendido mucho más de lo que la vida del humano medio necesita para sobrevivir... no sabemos que hacer con esa información. Años y años investigando las vías de conexíon con el sustrato creativo de nuestra cabeza. Años para filtrarla y darle una cohesión estilística. Miles de inputs culturales y memes rescatados del encabritado océano de la información. Toda esa información se perderá en el mercado laboral, como lágrimas en la lluvia.


No es ninguna novedad que un carpintero tenga un nivel de ingresos muy superior al de un diseñador. El artista se convirtió en el obrero. Bellas Artes es una carrera de clase media-baja. La globalización de las comunicaciones y la información relegó el papel creativo y artístico de su pedestal noble a la categoría de currante del píxel (obrero del píxel, como se autodenominaba un amigo de la escuela de animación).


En toda esta confusión de roles creativos y mileuristas vestidos en H&M, el pesimismo y la acidez urbana son características fundamentales de nuestra generación. Admiramos y envidiamos la saludable ignorancia y felicidad optimista. Ansiamos las dotes de comunicación y ligoteo de los que han sobrevivido a la adaptación tecnológica formando parte de ella, y no usándola como instrumento como sería nuestro caso.


Paul Giamatti, genio de la actuación, describe un personaje de mediana edad en crisis de indentidad. Haber escrito una obra literaria de calidad profética y estilo depurado es una vuelta sin retorno por la vía de la angustia social. Entre Copas describe el paso por los años grises. Esa época sin rumbo fijo y con unos niveles de desarrollo personal astronómicos. Es como un barco de pesca con lastre. Lanza redes que van alentando el barco, para años después, descubrir que no ha caído nada suficientemente valioso como para volver a echar las redes. El sistema diría, si pudiera hablar, que todo epicentro creativo caería sobre su propia atracción magnética en el sistema de la selección cultural. Y que algún día, se nos ofrecería la vía de supervivencia en ésta maraña de gafas de pasta y reediciones a 6€ de películas de Woody Allen.


All That Jazz por otro lado, desbribe con pasión a aquel que encontró en otros tiempo la vía del éxito y no sabe como acabar el libreto. Donde la propia vida es la expresión artística y el lienzo, y sus obras musicales son una representación contínua de su paso por el ecosistema urbano. Roy Scheider es el propio Fosse hablando de su carrera. Su secuencia de montaje describiendo el periplo de levantarse por la mañana y prepararse para la represntación diaria es padre del cine de Aronofsky. La secuencia del colirio, los estimulantes, y el montaje acelerado de sensaciones matinales y ejercicios de autoestimulación, son el verdadero origen de las minisecuencias de drogadicción moderna de Requiem For a Dream.


El tercero en discordia es Nicholas Cage (Fucking Nick Cage, como diría Kevin Smith).




Asi pues, Nick Cage es Kaufman. Un Kaufman desdoblado en dos mitades. Dos gemelos describiendo el proceso inverso de encontrar la obra a partir de la forma o la forma a partir del contenido. La tesis final podría explicar el porqué de la frustración del artista ante las decisiones corporativistas. No hay que usar voz en off (como Oscar Fontrodona dijo hace años a unos pobres alumnos asustados y confusos), según un dogma establecido. Y Kaufman la usa. No uses Deus Ex Machina al final para cerrar el guión. Y Kaufman lo usa (en forma de cocodrilo). Y todas esas convenciones de libro de Syd Field que tan ridículas parecen con el tiempo. Syd Field tendría que haber escrito cuáles son los mecanismos de comunicación con el sistema comercial y sus representantes. Eso sí sería útil.


Y ahora qué hacemos. Cientos de proyectos inacabados después. Miles de discusiones acerca del sentido del arte y la comercialidad. Tesis inacabables entre café y café discutiendo los errores de la industria del entretenimiento. Análisis detallados del mercado televisivo y cinematográfico entre croissant y link de youtube. La dirección no está clara. El artista se supone que debía ser pobre o rico, pero no un jodido mileurista de clase media. Deberían prohibir datos biográficos de los artistas del siglo XX en la escuela.


Los 3 films representan el color grisáceo que ha adquirido mi glándula de optimismo. Por obra de la teoría de la dispersión radial simpática (debo desarrollar esa teoría más adelante, prometido), parece que llegamos a los últimos metros de la carrera por darse cuenta a tiempo de las tonterías en las que hemos confiado tantos años. Por qué nadie nos dijo nada. Lo peor es oírlo en boca de Nicholas Cage, fucking Nick Cage...







2 comentarios:

MARIA dijo...

Chapeau.

"[...]como lágrimas en la lluvia".

Le Chariot dijo...

tanta metafisica destrozara tu psique. Haz un post sobre los barceloneses anda, asi, en tono llano y con mucha critica social. Algunos lo disfrutaremos