martes, 19 de agosto de 2008

The Dark Knight (Christopher Nolan - 2008)



Vaya película. En la línea de Spiderman 2, Nolan hace explotar la franquicia de Batman como lo hizo Raimi en su segunda parte. Según esta tendencia, la segunda parte de Superman Returns debería ser una bomba tambien. Aunque será difícil levantar la mediocridad de la propuesta de Bryan Singer.


Pero volviendo al asunto. The Dark Knight es un prodigio de mecánica cinematográfica y de campaña publicitaria. Los engranajes de su previa campaña y sus virales son un acierto. El nombre del film, arriesgado a priori por no contener la palabra mágica "Batman", ha supuesto un éxito de convocatoria y boca a boca. Y podemos asegurar que los ejecutivos de Warner aún celebran la muerte de Heath Ledger. Probablemente ya tiene una estatua erigida en algún lugar prominente de las oficinas del gigante de Hollywood.


La muerte de Ledger, la falta de otra franquicia de blockbuster veraniego y la perfecta ejecución de Nolan, han hecho de Dark Knight un fenómeno cultural como pocas veces ocurren. A estas alturas, y con algunos países aún por engordar la bolsa, es la película más vista del año con diferencia. La segunda (de momento) más taquillera de la historia en EEUU, por detrás de Titanic. La película con la recaudación de inicio más grande, y con un poco más de tiempo, puede colocarse entre las 5 películas más taquillera de la historia.


Su campaña publicitaria ha sido demoledora. Gracias una vez más a la muerte de Ledger, un reclamo morboso de una eficacia negrísima. Y precedida por una serie de campañas virales por internet y otros medios televisivos, los personajes de Joker y Harvey Dent ya tenían una previa construcción muy útil para darle esa consistencia dramática que prodiga la película.


The Dark Knight hace una tesis del personaje de Batman a través del conflicto y de su némesis, el Joker. Se definen el uno al otro de manera brutal. Y el juego de persecuciones les otorga un aire de tragedia eterna, inacabable, infinita. Con la particularidad de que Ledger no podrá continuar el juego del gato y el ratón. Habrá que ver si Warner tiene pelotas de devolver al Joker en manos de otro actor que emule la hazaña del trágico protagonista de Brokeback Mountain. Y tambien habrá que ver que ocurre con The Imaginarium of Doctor Parnassus de Terry Gilliam, un film inacabado por la repentina muerte, y maldito una vez más por el director más cenizo del cine actual.


A través de un punto de partida sobrio y funcional, Batman retoma su lugar en Gotham con una serie de acontecimientos cronológicos heredados de Batman Begins y de la dichosa campaña viral previa. Scarecrow muerde el polvo, cerrando así el primer arco argumental de la futurible serie de películas. El lema de I Believe In Harvey Dent hace brillar al futuro Dos Caras, dejándolo al filo del abismo del que caerá en el momento adecuado. El Joker hace una aparición contenida pero ilustrativa de su modus operandi, y Batman empieza la caída a los infiernos, al pozo más profundo del que no podrá salir, empujado hacia el fondo por su eterno antagonista.


Maggie Gyllenhaal hace de su papel una pequeña joya, mucho más evolucionada de aquella Katie Holmes que rechazó continuar su rol. Y Aaron Eckhart deleita en sus dos caras de la moneda con sinceridad e ira. Así como Michael Caine, Gary Oldman y Morgan Freeman repiten sus sobrias partes, un giro más tenebroso revolotea sobre sus cabezas para dejarlos al mismo nivel de crudeza que el resto del cast. Con algunas objeciones morales realmente interesantes com la de Gordon ocultando su teatro macabro, Dark Knight da un volantazo hacia el cine más oscuro, adulto e interesante que Hollywood es capaz de ofrecer. Y en esa oscuridad aparentemente novedosa radica uno de los aciertos de la película. Sobretodo despues de coloridas y aburridas franquicias, de las que crecen como hongos en época estival o navideña.


Ver a Christian Bale desquiciado es una delicia. Batman pierde de vista el horizonte y se adentra en nuevos terrenos inexplorados. El Joker representa un arquetipo nuevo y magnético, que tanto Batman como el público están deseosos de descifrar. Y despues de su brillante presentación en sociedad haciendo un maravilloso truco de magia con un lapiz... todo el mundo se abrocha los cinturones sin que la azafata diga nada. Queda clara la dirección de la película. Hacia arriba y a toda velocidad. A partir de ahí, la bestia despereza sus tentáculos y despliega sus líneas argumentales con una precisión clínica.


Hay dos elementos claves, en silencio, invisibles, que colocan el esqueleto narrativo y de tono hasta el final. Uno de ellos es la banda sonora de James Newton Howard y Hans Zimmer. Con un uso del in-crescendo y la percusión hipnóticos, los veteranos compositores ejecutan un patrón de ritmo y momentum fílmico de una fiereza brutal. Y por encima de su banda sonora, planea un genial montaje de Lee Smith, autor tambien de Master And Commander y Batman Begins entre otras. Culminando así una ejecución técnica envidiable y de forzoso éxito junto a la realización y la visión de Nolan.


Donde sigo sin aprobar el trabajo de Nolan completamente es en la dirección de acción. Sus escenas de pelea y persecución son tremendamente confusas y carentes de espacio fílmico. Moviendo la cámara y empalmando encuadres espontáneos a un ritmo vertiginoso. Y despues de darle unas vueltas al asunto, quizá funcione a un nivel inconsciente de ritmo que no acabo de visualizar. Porque finalmente, no es una situación insostenible, ya que durante la película, los elementos de acción narrativa componen el rompecabezas sin fisuras de intensidad emocional.
Y ya que emocionalmente, y a efectos práticos de tono la película es impecable (no hay un solo bajón en todo su metraje, algo inaudito), no puedo sino seguir aplaudiendo a Nolan, por su visión y su pulso a la hora de rodar al oscuro héroe.


La hazaña de Ledger será largamente recordada como un hito cultural. Y su interpretación realmente merece un amplio reconocimiento, ya que hace suyo al personaje y le otorga una serie de complejidades y capas de lectura fascinantes. Y cuando lanza su pronóstico de eterna disputa con Batman, se erige como eterno antagonista y eterno enigma sobre la moralidad y la humanidad.





The Dark Knight es merecedora de todo el polvo levantado. Merece cada mota, cada pelo. Porque pocas son las ocasiones en las que un director y un equipo ténico tienen la suerte de fundir crítica con público en la angosta carretera creativa que propone Hollywood. Y habrá que estar atentos a las cifras de recaudación, ya que podemos estar ante unas películas más importantes e influyentes de esta década.

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