jueves, 25 de septiembre de 2008

El Sabor del Sake - Sanma No aji (Yasuhiro Ozu - 1962)



El Sabor del Sake, o Tarde de Otoño, fue la última película del maestro Ozu. Filmada en 1962, representa el último discurso antes de su muerte. Un discurso que trata sobre la família, sobre la importancia de la boda de la mujer en la sociedad japonesa, y sobre la vejez de los patriarcas viudos.

Sanma No aji es otro de esos pequeños manuales desgastados y elegantes. Un manual sobre algunos asuntos cotidianos pero importantes en la sociedad japonesa, que al final del día, son igual de importantes en occidente.

De un tono habitual en Ozu, contemplativo y deliciosamente afable, sus personajes deambulan por sus años de toma de decisiones. Y alrededor de la soledad y la compañía juegan al juego de las sillas con un vaso de sake en las manos.

El sake, el aglutinante social del japonés. Jodorowsky dijo que los japoneses solo saben ser sociales cuando beben. Y quizás se remonta a su antigua cultura de camaradería marcial, pero los hombres de Ozu beben sake para pensar y hablar, no para olvidar. El sake blanco, y sus hermosos botellines de arcilla decorada son uno de tantos elementos cotidianos en el cine de Ozu que hablan por los silencios.


Las esposas y los palos de golf no se llevan bien. En una analogía eterna, el palo de golf representa nuestra infancia latente, que lucha contra la esposa materna, regañona y por momentos celosa de la intimidad del marido.


Parece ser que la edad de boda de una chica en Japón en los años 60 eran de los 20 a los 25 años. Probablemente aquí fue similar. Y las sutilezas del matrimonio arreglado empiezan a disolverse harmónicamente entre los deseos platónicos y las necesidades familiares. Una época de transición entre dos tendencias de ver la unión conyugal. Una situación eterna que continúa sangrando hoy.

Ozu habla de la vida japonesa en las tardes de Otoño, cuando los japoneses sentían que su vida entraba en una época importante. De los pequeños detalles que lo explican todo. De su pronta muerte. De la soledad en la vejez y la juventud. Y del sabor del sake. Ozu habla de esas pequeñas cosas que importaban a todo el mundo. Pero nunca se casó. Y nunca tuvo hijos. Simplemente bebía y filmaba películas. Necesitaba su tiempo. Necesitaba meditar cual era el sabor del sake en las tardes de Otoño.



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