martes, 11 de noviembre de 2008

Kung Fu Panda (Mark Osborne, John Stevenson - 2008)



Dreamworks sorprende muy gratamente con esta comedia de aventuras y artes marciales inspirada en la mitología del Kung Fu.
Ambientada en la antigua China, Kung Fu Panda relata en tono familiar y con el característico acento paródico de la factoría Dreamworks la evolución de un gracioso oso panda encarnado en la voz de Jack Black.

Las elecciones de casting son brillantes, empezando por el acertadísimo Jack black, y la animación escala otro peldaño en los ya increíbles estándares de la productora de SKG. Contemplar a los protagonistas moverse en sus estilos de Kung Fu es una delícia visual, y la banda sonora académica pero épica del ya clásico Hans Zimmer recrea el mito y la leyenda de las historias sobre la antigua China.

Kung Fu Panda aterriza en el año estrella para China. Despues de unas fastuosas olimpiadas y una muestra de aperturismo cultural a veces fallida, la película cimienta un sendero hacia el acercamiento de la milenaria cultura. Pero con el tradicional tono paternalista y de autosuperación que Hollywood imprime a todas sus propuestas familiares. Y muy alejado de los auténticos valores humanos que la historia antigua de China ofrece.

De cualquier forma, y respecto a los valores artísticos y técnicos de la película, como varios críticos han apuntado en los últimos meses, Kung fu Panda se acerca peligrosamente a los estándares de Pixar. Y si sus siguientes películas (Monsters Vs. Aliens y How To Train Your Dragon) mantienen o suben el nivel, podrían retomar la lucha por la supremacía de la animación que tuvieron ambas productoras hace unos años y que ganó Pixar elegantemente.


La construcción de personajes y la estructura de animación de los protagonistas es impecable cuando menos. Pero en algunas escenas de lucha, llegan a un nivel plástico y de composición pocas veces visto en animación. La dirección de acción es limpia y emocionante. Y el desarrollo de personajes como Po o el maestro tortuga Oogway son realmente esperanzadores.


Quizá se deja notar el toque Dreamworks en algunos diálogos. Esas recurrencias y coloquialismos habituales en el cine de animación que tanto molesta a un sector más adulto. Pero sin duda, se ha hecho un esfuerzo en rebajar el nivel de tradicionalismo y conservadurismo en la escritura manteniendo el tono paródico, señal de identidad de la factoría desde Shrek en el 2001.

Kung Fu Panda es una sorpresa muy agradable, con unas elecciones artísticas y algunas escenas realmente conmovedoras, tanto dramáticas como de acción. Y el regusto moral en su caso, es algo más amargo de lo habitual, sobretodo al respecto del conflicto emocional de la película: la relación padre-hijo. Un laberinto emocional lanzado con cierto veneno y acierto, que puede llegar a ofuscar en una segunda lectura acerca de la responsabilidad moral de la paternidad.

Mención especial a la escena introductoria de la película. Animada en 2D, con estilo vectorial y homenajeando al teatro de sombras chino, es una pequeña obra de arte. Heredando el diseño de acción y los recursos de Tarkakowsky, recrea una épica batalla de artes marciales con una espectacularidad y una asombrosa técnica de animación y narración. Una delicia para animadores y un inicio de película maravilloso a la vez.

Un aplauso para Dreamworks, que navega por un mar embravecido para encontrar un filón constante de éxitos, emulando al imbatible Pixar.
Esperamos con muchas ganas sus siguientes dos películas para el próximo año, y quizá le daremos una oportunidad a la poco apetecible Madagascar 2...

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