miércoles, 13 de mayo de 2009

Star Trek (J.J. Abrams - 2009)



En la era de los remakes, prequels, sequels, reboots y en definitiva, cualquier cosa que sirva para estrujarle las tetas a la vaca, Star Trek brilla con luz propia como ejemplo de corporativismo y cine blockbuster bien entendido.
El arranque de fin de semana fue bueno en taquilla, con casi 87 millones en EEUU y una cifra por determinar sumando el resto del mundo. Probablemente se acerque a los 150 Millones o incluso los supere en su primer fin de semana. Ayer lunes, hizo otros 7,5 millones. En un lunes.
Con lo que casi seguro veremos otro éxito veraniego de taquillazo acompañado de clamor popular y éxito descomunal entre la crítica. Un fenómeno antaño imposible, utópico, que se ha repetido últimamente con títulos como Iron Man, pero sobretodo con Dark Knight, el hombre de los mil millones.
Con todo esto, vengo a decir que Star Trek sigue un camino prácticamente perfecto en la jungla despiadada de las superproducciones de Hollywood. Y no hay ningún actor muerto para que el listo de turno niegue los méritos de los autores del film y atribuya éxitos inesperados a los avatares del destino.

J.J. Abrams dirige desde el respeto una franquicia antigua, compleja y devastada por unas últimas películas y series muy mediocres. Star Trek Némesis y Enterprise son dos ejemplos de muerte por desidia. Pero sin ser un fan, consigue separarse lo suficiente para enfocar un film hijo de su tiempo, hiperactivo y con glamour, algo perdido tiempo atrás desde los tiempos de Picard y Marina Sirtis.


Star Trek es un reboot a la franquicia, pero de una forma completamente original. Habitualmente se hacen resets a las franquicias como James Bond, Batman o Superman de la forma más sencilla, volviendo a empezar y desmarcándose del material anterior.
En el caso de Star Trek, toda lo ocurrido anteriormente sigue ahí, vivo, en un limbo espacio-tiempo que perdurará para siempre, vigilado por Leonard Nimoy. Y las nuevas generaciones disfrutarán a unos nuevos actores con unas nuevas propuestas de guión y tono más acordes a los nuevos tiempos. Pero sin darle el manotazo a los 40 años de historia de Star Trek.
Se trata de algo muy complicado de ejecutar, pero que J.J. Abrams, entrenado en las terribles encerronas de guión que le procura Lost, sale airoso de la contienda. Las dos orejas y el rabo.


Las interpretaciones son más que dignas. Zachary Quinto haciendo de Spock ya funcionaba a nivel social desde el trailer. Chris Pine demuestra que tiene sangre en las venas, como Shatner. Y Zoe Saldana es terriblemente sexy y sugerente, al estilo de la antigua Uhura, 40 años atras. Nichelle Nichols era muy hermosa, y en sus inicios como Uhura fue una revolución cultural, al ser una de las primeras actrices negras protagonistas en un show de TV en EEUU. El Dr. Luther King la animó a continuar y así empezar a conquistar el terreno vedado para actores afroamericanos hasta la fecha. El pobre Dr. King no vivió para ver a Obama persidente, por cierto, Trekkie reconocido.


Los demás integrantes rebooteados son Scotty, Chekov, Sulu y Bones. Y ellos configuran el espectro más humano y cómico, elementos claves de la serie original y perdidos en las últimas décadas por la pompa y la circunstancia de la Prime Directive.

El uso de Romulanos rebeldes y Eric Bana con tatuajes puede parecer extraño, pero vuelve a acertar en la diana. Los Klingons ya no son el enemigo. Ya cayó el muro de Berlín.
Como muchos ya sabeis, los Klingons son una analogía a los comunistas de la Unión Soviética, que por aquellos años 60 eran el diablo y competían con EEUU por la llegada del hombre a la luna y por el dominio militar mundial. Las aves de presa Klingon estaban iluminadas en su interior por luces rojas y vestían ropas de abrigo, con pieles y recias armaduras. Gritaban y escupian las palabras, en un idioma que ya se ha hecho famoso. No hace falta seguir con las analogías para comprender el background histórico.
Los romulanos en cambio, han sido enemigos de la Federación alternativamente, pero nunca de forma completamente abierta, siendo The Next Generation su campo de experimentación. Y Eric Bana en su poderío físico hace de súper-antagonista de Kirk, con algunos matices que recuerdan al inefable Khan, aquel Ricardo Montalban con pechera descubierta.


Se trata de un milagro de Hollywood. De esos que ocurren de vez en cuando y le vuelven a pegar un pisotón al resto de cinematografías del mundo. Una película que alcanza un 96% en Rotten Tomatoes y entusiasma al público. De esas películas que consiguen que los nerds fanáticos agachen la cabeza y disimulen que han perdido sus apuestas agoreras. Un taquillazo seguro y un reset brillante a una franquicia que muchos adoramos desde hace muchos años y ya no sabíamos cómo disfrutar.
Pero no olvidemos que Star Trek se divide claramente entre films y TV, y que en definitiva, los films son productos derivativos de un concepto televisivo, que alcanzó su esplendor y perfección en los años 90, en los años de Patrick Stewart.
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Superando el escollo emocional de enterrar a los viejos amigos y actores, Star Trek triunfa en terreno volcánico, recordando emociones propias de su archienemiga franquicia. Star Trek nunca fue especialmente aventurera y emocionante al estilo de Han Solo y Vader, pero siempre le ganó la partida en una cosa... y nadie lo diría, pero las mejores batallas de naves espaciales se las lleva el Enterprise.














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Y Spock es el mejor.













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