jueves, 11 de junio de 2009

Coraline (2009 - Henry Selick)



Estrenada 3 meses despues, pero a fin de cuentas estrenada. Las películas pretendidamente infantiles sufren en España unos retrasos y unos reacomodos insufribles e inexplicables.

Coraline es una hermosa película animada en Stop Motion por Laika y dirigida por Henry Selick. Y gracias al abaratamiento de la tecnología, se ha estrenado en ese formato incluso en España, que ya cuenta con más salas preparadas para el digital 3D.

Gaiman firma una historia muy delimitada por su estilo. Selick ejecuta de una forma un tanto emocional un guión algo extraño pero definitivamente encantador. Y una hipnótica música suena al ritmo de los maravillosos ratones de circo.


Coraline es una película que flota en un lugar indeterminado. Renombrada "Los mundos de Coraline" en España, quizá pensando que así hará más taquilla, ahonda en el subgénero de casa embrujada. La casa embrujada es hermosa y tradicionalmente juvenil, de susto y batacazo.


El hipnótico viaje a través de una casa, dos mundos paralelos y tres viviendas propone un sin fin de decorados brillantísimos y situaciones emocionantes. Todas ellas enlazadas de una forma extraña, de repente incómoda. Y un gato de Cheshire algo prescindible intenta hilvanar una salida cual Ariadna en laberinto.

Se trata de una película especial, azarosamente irrepetible pero sin duda con lenguaje propio. Posee una de las mejores construcciones paternas y maternas en el cine de animación infantil. Con una madre real y un padre hiper-realista que explican en silencio el orígen del hermoso desvarío lisérgico. Una muñeca, un par de guantes, tres fantasmas.

La película danza de dentro a fuera, de fuera a dentro. Cruzando el espejo, Alicia-Coraline y su gato-conejo comparan una y otra vez la realidad real y la fantasía hiper-real. En un ejercicio de análisis literario, la niña de pelo azul mantiene una curiosidad por su propia vida muy poco propia de su edad y del cine infantil al que estamos acostumbrados.


El film es una extraña joya, inquietante en ocasiones. Y la proyección 3D, que suele ser motivo de mejores taquillas pero acostumbrada a películas más digeribles, le otorga un aura de misterio y excepcionalidad más potente incluso.

Coraline fue Caroline primero. Y tuvo que dar algo a cambio de su nombre real. Cosa habitualmente trágica, aquí resulta hermosa. Y Gaiman nos explica cómo la parte más interesante del día es el sueño, y cómo a través de él se puede investigar la vida cotidiana.

Selick firma su obra más libre y por ello más extraña. Fuera de Timburtonismos y Brendanfrasers, el director aborda de lleno el género y la técnica, descartando la perfección y frialdad de Corpse Bride en favor de una manualidad hipótica.


Una película que plantea extrañeza pero nos acaricia con el dedo. Un dedo de aguja de coser que quiere abotonarnos los ojos. Botones negros y brillantes en lugar de ojos cansados de ver lo mismo un día tras otro.







Gracias a Coraline me he dado cuenta que alguna gente a mi alrededor tiene botones en lugar de ojos. Se me acercan sonrientes, como si no ocurriera nada. Y yo disimulo y sorbo mi café.
Botones en lugar de ojos. Fijaos bien.

1 comentario:

David Güell dijo...

Mis botones, además, son azules.