domingo, 31 de enero de 2010

Where the Wild Things Are (Spike Jonze - 2009)

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Spike Jonze firma un pequeño logro audiovisual, más cercano a la experimentación y menos cinematográfico en estructura. De tintes muy personales y personajes familiares, el film de mirada infantil arranca exabruptamente, sin concesiones y a todo volumen.

Jonze genera una catarsis inaudita, filmando cámara en mano y haciendo uso del tiempo de forma onírica, sin perder el suelo, pero flotando unos centímetros por encima. Y a través de Max, observamos la luz, el sol reflejado en la nieve, y la gente que está lejana, desenfocada.

La madre de Max nos ata al mundo real. Catherine Keener actúa de forma relajada y construye una madre fantástica y azorada en menos de 10 minutos. Max no necesita construcción. Está por encima del hilvanado dramático tradicional. Max existe dentro del pequeño universo fílmico de la película, para dejar de ser en su último plano, sin cierres, sin grúa general a negro.

Max huye frenéticamente, se encuentra a sí mismo de forma extraña, desmembrado en un grupo de bolas de pelo ufanas y deliciosas, viviendo juntas en un bosque. Los árboles se astillan con facilidad, y las relaciones entre ellos están en punto muerto, quebradas. Intentarán ser felices, con sus medios, a través de Max, haciendo un esfuerzo.
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Los monstruos y Max se canibalizan de formas dolorosas, corriendo de un lado a otro como pollos sin cabeza, disfrutando alocadamente unos de él, y él de algunos. Max y Carol se esnifan el uno a otro, en una descarnada y vertiginosa carrera cuesta abajo. Buscan algo perdido, no saben qué todavía. No lo descubrirán, pero se hacen daño corriendo juntos, de la mano en una construcción emocional fictícia.

La entrada y salida de la isla de los monstruos funcionan como prólogo y epílogo, arrancados a cuajo de la mitología que tan cuidadosamente ha fabricado el director. Las transiciones son burdas, atropelladas y faltas de motivación, aunque el golpe dure bien poco en ambas ocasiones. Pero se siente cierta dejadez quizá deliberada en los momentos de transición.

La música es de un intimismo que casi molesta, pero que en definitiva, funciona tan bien que construye una sinergia melancólica apabullante. Y los monstruos tienen una factura técnica y artística asombrosas. Limpios, pesados, peludos y tercos.
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Una extraña película, de esas que se dicen a sí mismas "soy especial", no sin razón. Un viaje a la infancia más difícil, a la infancia bloqueada. La niñez violenta y sinsentido de las patadas a la pared, de los mordiscos y los edipos. Where The Wild Things Are presenta un misterio en su título, que tan sabiamente Maurice Sendak planteó.

¿Dónde están los monstruos?

¿Están dentro de uno mismo o están dentro de los demás?
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1 comentario:

loquedigan dijo...

BRAVO! Muy bien escrito, muy bien sintetizado.Me gus!!!